8 de junio de 2012

¡Qué grandes son tus obras, Señor! -Parte 2-


Anécdota de estos días...
 

¡Tus caminos son una locura, rompen mi humanidad, 
                                              pero son los únicos que quiero recorrer!
                                                                                (Cecilia Perrín - Sierva de Dios - Focolar, Argentina)
 Amigos,

Nuevamente les escribo, los molesto, les quito "algo" de su tiempo, para compartirles cómo siguió la historia de mi relación con el ordenanza de la facultad, quien (charlando, luego de una confusión) me contó que su hija había fallecido... (quien no entiende o está "desconectado", lea el mail anterior que está abajo).

Resulta que luego de aquél día las cosas fueron cambiando para mejor. El señor, dejó de ser "el ordenanza", y pasó a ser Víctor. Su compañera de trabajo también dejó de ser "la ordenanza" y pasó a ser Griselda.
Me animo entonces a pensar en 'voz alta': ¡Qué lindo es que te llamen por el nombre!, ¡Que lindo es que al entrar a la facultad te puedan decir 'Hola Víctor!', 'Hola Griselda', 'Hola Jorge'!. Es un trato más personal, más amable. Es un pequeño (muy pequeño) desafío para cada uno de nosotros: conocer cómo se llama aquél que limpia en la facultad y saludarlo por su nombre, cómo se llama el/la recepcionista, y saludarlo por su nombre, etc. Al menos intentarlo. Es un gran gesto. Pero bueno...¡volvamos a lo nuestro!:

Aquello que Víctor me contó, me dejó pensando. ¿Qué le puedo regalar?, ¿Qué gesto puedo hacer para con él?. Necesito demostrarle que estoy para lo que necesite, pensaba por dentro. Al menos eso es lo que profesamos siempre: "presencia en la universidad, Evangelios vivientes, ser otro Cristo, etc...etc...etc...". Llegó una ocasión particular y especial, pero... ¿de qué manera hacer presente a Jesús en tan difícil momento?. No esnada fácil, ¿no creés?. Igual, me animé a evaluar la posibilidad de hacer algo por él.

Finalmente, decidí comprarle un libro. Después de dos semanas o tres, cuando junté algo de dinero, fui a la librería y busqué, busqué... busqué. Terminé convenciéndome en llevar un libro con un título un tanto shockeante, título que interpela. "¿Por qué a mi?" se llama, y su autor es Anselm Grüm, conocidísimo autor, prestigioso y buen escritor. Un monje benedictino de Alemania.

Fue el cuarto libro que hojeé. El libro comienza algo así: "En el Tsunami de Indonesia murieron ......... personas, en el terremoto de Japón murieron ........ personas, en tal catástrofe murieron tantas personas, etc... y uno podría preguntarse: ¿Dios deja que pasen estas cosas?, ¿allí está presente Dios?. Y cuando nos pasa a nivel personal, podemos preguntarle: ¿Por qué a mi?".

Enseguida me entusiasmé. Dije interiormente... ¡este le va a servir!. Lo compré.
Llegué a casa y me puse a escribirle una dedicatoria. Le escribí lo siguiente, se los comparto:


Querido ordenanza amigo,
Desde aquel día en que Usted me contó lo que sucedió con su hija, no dejé de rezar no sólo por Ud. sino también por toda su familia, pidiéndole al Señor que lo acompañe y que le de fuerzas para afrontar esta nueva etapa de su vida.
Sé que nos conocemos muy poco. Para ser sincero, sólo hemos hablado una vez. Sin embargo, cada día que entro a la universidad los pasillos están impecables, mi aula está limpia y la facultad está muy bien ordenada. ¡Y esto no se hace solo!. Están usted y sus compañeros de trabajo allí detrás, cuidando cada detalle, para que disfrutemos las instalaciones al máximo. Esto quiere decir que, sin conocernos, usted ha hecho y hace cada día mucho por mí, mucho por nosotros (los alumnos). Por tanto, lo mínimo que podía hacer cuando me contó lo de su hija era acompañarlo con la oración y por qué no, este pequeño presente que le puede ayudar a clarificar aún más el momento que está atravesando.
Espero pueda leerlo y aprovecharlo.
Quedo a su disposición para lo que necesite.

Luego de escribir, volví a ponerlo dentro del envoltorio de regalo y lo llevé a la facultad.

Ese día, no me animé a dárselo. Pensé por dentro "quizás se enoje conmigo por lo que hago". Al segundo día, cuando estaba preparado para dárselo de repente me dije "no, hoy no... no me animo".


Tercer día. Llego a la facultad, subo las escaleras, voy hacia donde está la pieza de los ordenanzas pero había a dos metros de la puerta unos jóvenes que no conocía. Sin embargo, se me cruzó por la cabeza algo que me desanimó: "Están estos chicos. Al verme dándole un regalo al ordenanza seguro quedo como un gil, o me miran desconcertados. No, hoy no, otro día".

Así, día tras día iban surgiendo esas pequeñas tentaciones que no sólo me hacían mal a mi sino que retrasaban el bien que podía llegar a hacerle a Víctor. Sin embargo, te juro que en ese momento, por más que esté tu intención, miles de cosas te hacen pensar por dentro que eso está mal, o que podés quedar mal. Muchas 'voces' que te dicen ¿¿estás seguro de esto??...
Esto, en vez de ayudar, te desanima.
Sin embargo, tarde o temprano, al juntar coraje lo iba a hacer.
Estuve como una semana. Hasta que un día que no lo encontré, decidí dejárselo a Griselda, otra de las ordenanzas que conocí en esas semanas, hablando sobre el estado de ánimo de Víctor.

Ella me prometió que se lo daría. Eso sucedió un jueves. Yo quedé en que durante la próxima semana lo iba a parar a Víctor y le iba a preguntar si le había llegado.

Pero nuevamente, la semana siguiente, al verlo, no me animé. Por dentro surgieron los mismos pensamientos estúpidos que me frenaban "quizás esté enojado porque pensando 'este pibe se comió el título de psicólogo", o... "¡me da un libro!, como si eso solucionara la muerte de mi hija". En fin... se me cruzaba todo esto y me daba vergüezan frenarlo.

El Jueves 1ero de Mayo, una semana después de darle el libro a Griselda, salí del aula al pasillo junto con Alejandra, una compañera. La acompañaba a tomar agua.

Ibamos charlando los dos por el pasillo y de repente veo que a unos diez metros venía Víctor hacia nosotros (hasta ahora, como leyeron en la dedicatoria, él no me reconocía, pero yo sí a él). De repente, llegó el momento en que lo cruzamos y con mi amiga le dijimos (por respeto, nada más) "Adiós, ¿cómo le va?".

Inmediatamente, luego de pasarlo, escucho a mis espaldas su voz baja, titubenado, diciendo medio entrecortado "Vo, vo, vos, voss... ¿sos....?...". En ese instante me doy vuelta y le digo "Si, soy yo!" (suponiendo que me iba a preguntar si era el chico del libro). 

Enseguida volvió hacia donde estaba y sin decirme nada me abrazó fuertísimo y al mismo tiempo lo abracé yo. Fue como uno de esos abrazos que solemos darnos (al menos yo lo suelo hacer) en el saludo de la paz. Ese abrazo en el que te deseo la paz como si fuera el último minuto de vida y te deseo lo mejor de lo mejor, ni más ni menos que 'la paz de Cristo'.

Fue un abrazo muy significativo para ambos. Luego del abrazo, llenándosele de lágrimas los ojos, me dijo "muchas gracias hermano, estoy leyendo el libro, me está haciendo muy bien".

Le respondí "de nada, es lo mínimo que puedo hacer, ¡todos aquí lo queremos ver bien!". Agregué: "Para lo que necesite, no lo dude, allí estaremos".

Esto fue hermoso. Sinceramente no dejo de dar gracias a Dios por todo lo que me está mostrando, enseñando y dando en mi paso por la universidad. Cada día, en mis charlas con Él le digo "estoy seguro que me llamás a estar HOY en la universidad. Estoy seguro que desde siempre me tuviste preparado este momento. ¡Qué sorpresa Señor!, ¡Gracias!. Todo lo que me hacés vivir, todo lo que ponés en mi camino, me confirma que hoy me querés en esta facultad, que Vos me trajiste hasta acá".

Sinceramente, así como dudé mil veces en darle el libro a Víctor, dude algunas veces en escribirle nuevamente a ustedes. Pensé "nahhh esto es algo que debe quedar entre vos (o sea yo) y Dios", "si lo andás contando a otros, seguramente sea para hacerte ver... y vos sabés que eso está mal". 

Luego pensé varias veces más si eso que sentía por dentro eran palabras de Dios o del coludo, del maligno. Y si bien la reflexión no fue muy larga, para serles sinceros, resolví lo siguiente: estas cosas -buenas- tenemos que contarlas. 

Yo me pondría muy felíz si alguno de ustedes me comparte sus andanzas de la facu, del trabajo, de donde sea. Si me comparten sus felicidades y también sus tristezas. ¡para eso está la comunidad!. Estas cosas (creo) nos fortalecen y animan. Ojalá compartamos todo lo que nos sucede y podamos sentirnos más hermanados que nunca, en un mundo que nos necesita ver así: unidos, dando testimonio, gritando a viva voz que amamos a Cristo Jesús.

Estos días he recibido algunas respuestas de la primera parte de esta historia. Jóvenes como vos, como yo, que me contaban algunas cosas que le habían sucedido en la facultad, en algún lado en particular. Cosas, momentos, historias, que les dieron mucha felicidad, mucho ánimo. ¡Eso tenemos que hacer con frecuencia!, compartir más nuestras vidas. Si somos un sólo cuerpo en Cristo Jesús, debemos estar más que unidos. ¡¿o alguna vez viste un cuerpo que funcione separado?!.

Antes irme... te dejo el punto 15 del documento "Presencia de la Iglesia en la Universidad y en la Cultura Universitaria" (indispensable para nosotros. Cortito además). Dice así:
"La presencia de los católicos en la Universidad constituye de por sí un motivo de interrogación y de esperanza para la Iglesia. En numerosos países, esta presencia es en efecto a la vez imponente por el número, pero de alcance relativamente modesto; ésto es debido al hecho de que demasiados profesores y estudiantes consideran su fe como un asunto estrictamente privado, o no perciben el impacto de su vida universitaria en su existencia cristiana (...) es necesario constatar que la presencia cristiana parece por lo general reducirse a grupos aislados, a iniciativas esporádicas, a testimonios ocasionales de personalidades famosas, a la acción de éste o aqué movimiento" (15, PIUCU). 

Nosotros estamos para cambiar esto, es decir para estar presente realmente en las universidades, para hacer resonar el nombre de Cristo en cada rincón de la facu. A unos les costará más que a otros, en algunas facultades será más difícil que en otras. ¡Seguro!. 
Pero todos, en mayor o menos medida, debemos dar razones de nuestra esperanza.
Pidámosle a Dios la gracia y la fortaleza para poder continuar anunciando Su Nombre en nuestras facultades, para evangelizar la cultura, para 'hacer de todos los hombres una sola familia en Cristo Jesús', como decía Dolores Sopeña.

¡Abrazo grande para todos!

Seguimos aventurándonos por estos caminos que nos propone Jesús. Caminos llenos de vida y esperanza, caminos que valen la pena ser recorridos! 

 Fin, ¡hasta nuevo aviso!.
Las publicaciones en este blog suelen ser semanales.
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1 de junio de 2012

¡Qué grandes son tus obras Señor! -Parte 1-

Anécdota de estos días..

        ¡Qué grandes son tus obras, Señor, 
                                qué profundos tus proyectos!
                                                                                                 (Sal 92, 6)

 
(Lo escrito aquí, sucedió los primeros días de Mayo de 2012)

Queridos amigos,

Les escribo para compartirle en algunas líneas, cosas que me han sucedido estas últimas semanas en la facultad. Son esos gozos o alegrías con sabor a eternidad que es imposible no compartirlas.

Comencé en esta universidad el año pasado, luego del viaje de la JMJ. Me anoté para terminar el ciclo de la licenciatura, y en eso estoy desde aquel entonces...

El 2011, en la facultad, no pude conocer mucha gente... no pude hacerme de muchos amigos. No hubo mucha relación con mis compañeros ya que entré dos semanas más tarde (por el viaje), y nunca se dió nada... ¡ni siquiera una reunión para comer un asado, unas pizzas!.

Este año las cosas cambiaron. Curso cinco materias del tercer año, una de primero, y una de cuarto. En tercero y cuarto fui haciendo muchos amigos. Con los de tercero vuelvo todos los días a casa... viven por la zona. Con los de primero ya no curso más porque entre una cosa y otra, me cambié de comisión. Sin embargo a casi todos los conozco...

Cada vez que salgo desde mi casa hacia la facultad hago una especie de "pacto" con Dios. Le digo... "vos inquietalos con preguntas sobre la fe, sobre Vos, sobre nuestra relación amistosa y yo -si ellos me preguntan- paso a contarles de qué se trata toda esta aventura" (con Él nos entendemos, somos bastante amigos a pesar de que yo, como casi todo cristiano,  le fallo seguido vió...). Sin embargo la amistad es grandísima.

No es que sólo espere a que me pregunten. No es que olculte mi fe. ¡para nada!. Digamos.... se den cuenta fácilmente porque no hay día que con alguno de la facultad no toque un tema relacionado con lo religioso/espiritual. Además, llevo un mate a la facultad que tiene un logo de mi grupo/movimiento juvenil. Como si esto fuera poco, el termo tiene una calcomanía (sticker) de otra actividad solidaria, etc. ¡¿¿Como no van a preguntar??! jaja.

El Miércoles (2 de Mayo) fue un día espectacular.
En el primer corte/recreo o como quieran llamarle fui al patio, donde estaba el grupo de cuarto año. Una de las chicas preguntó... ¿qué hiciste vos Juan el fin de semana?...
Enseguida se me cruzó por dentro "¡Me fui de retiro!" pero algo me acalló y dije "Me quedé acá, en la ciudad". En ese instante, por dentro pensé ¡no seas cagón y decí lo que hiciste! (porque a estos chicos aún no los conozco mucho... ¡imaginen que curso sólo una materia con ellos!), y con cierto coraje añadí "¡Me fui de retiro!".
Imaginen las caras. Ninguna muy sorprendida que digamos porque la mayoría en su adolescencia había hecho un retiro. 
Lo gracioso -para mi- fue cuando les dije "Me fui a un retiro de silencio"... ¿¿¿¿DE QUÉEEEEEEEEEEEEEEEE????.... ¿Y CÓMO QUE ESTUVISTE EN SILENCIO DOS DÍAS????  ¿¿¿¿¿VOSSSSSS????. ¡YO ME MATO!, etc..etc...etc...

Minutos más tarde una de ellas me dijo que no pisaba una Iglesia hacía largo tiempo y que ni loca se confesaba porque hacía mil años que no acudía al Sacramento de la Reconciliación (o confesión) y por ende la iban a retar o darle muchas penitencias. 
Le dije que no era así, que estaba exagerando, nos reímos mucho, le di ejemplos, etc. ¡son recontra bienvenidas porque felíz estará Dios, sabiendo que un 'hijo perdido' ha vuelto a casa!.

Risa va, risa viene, etc... hablamos de miles de temas.
Por momentos me sentí como coartado de mi libertad (jajaja) ya que estaba sentando en un banco y tenía a 5 mujeres y un chico en todas las direcciones, preguntándome cosas.
Una estaba como 'arrodillada' frente a mi, otras dos a mis costados en el banco, y dos más parados, escuchando. 
Todos con muy buen ánimo y serios, espectantes. Eso fue lo que más disfruté. Disfruto cuando la gente pregunta con ánimos de saber, por más que no comparta.
Disfruto que, a pesar de concordar o no, nos respetemos.

En un momento, entre tema y tema, las chicas se pusieron a cantar "Cordero de Diooooosss... que quitas el pecado...". ¡Gritaban!. A mi me dio vergüenza que lo hagan e intenté callarlas. Les decía ¡Shhh!! ¡¡shhhh!! ¡dejen de cantar así!. En ese instante, salió uno de los ordenanzas de su piecita (el ordenanza es aquél que limpia, que deja en orden la facultad para que los alumnos, docentes, etc, la utilicen), comenzó a caminar hacia el pasillo, escuchó que las estaba callando, volvió y me dijo "¿por qué no dejás que canten?". 
Siguió diciendo: "Chicas, canten. Si esto las hace felces, ¡canten!". 

¡¡¡¡¡IMAGINEN MI CARA!!!!. Por un lado me puse muy felíz por lo que dijo ese buen hombre, y por el otro me desconcerté ya que pensó que era un anticatólico, ¡no sé!, un ateo. ¡No sé que habrá pensado!.

Minutos más tarde, mientras todos entraban a sus aulas, busqué al ordenanza. Lo paré y le comenté la situación. Le dije "no mal entienda lo de hoy, yo también soy católico, pasa que las chicas cantaban porque me jodían un poco sobre lo que les hablaba ya que hablamos sobre temas referidos a la Iglesia, a la fe, porque voy a un grupo juvenil".
El señor me miró y me dijo "yo al escuchar sus voces, no pude dejar de pensar en mi hija de 29 años. Ella falleció de un cáncer de colon hace dos semanas (los ojos se le empezaron a poner vidriosos, como para largar lágrimas...) y cuando escuché a esas chicas fue como sentir algo por parte de Dios. Sentí que Dios me hablaba a través de ellas o me daba una señal. Sentí que me decía '¡arriba!, ánimo, ¡adelante!'".
Yo me quedé sin palabras y hasta me sentí super culpable por querer callarlas, se imaginarán. ¡Mirá lo que suscitó en este hombre ese canto!, pensaba por dentro mientras él me hablaba.
Le pregunté bien cómo había sucedido todo. Intenté explicarle que en estos momentos es donde más fuerte hay que ser y que tenga mucha fe, que no pierda la fuerza. Le dije finalmente que me llame si necesitaba algo. Que venía todos los días a la facultad y que no dude en pararme ante cualquier cosa que necesite.

Me fui a la clase. Al salir lo busqué para darle una imagen de la Virgen, pero no lo encontré. Mañana (3 de Mayo) se la daré. Recen mucho por él, aunque ni sepamos su nombre. Dios lo conoce muy bien.
Por eso el título del mail, ese versículo del Salmo 92 tan lindo. Me quedé pensando mucho en eso...¡en los proyectos de Dios para cada uno de nosotros!. Hoy estamos, mañana no sabemos. Pero Dios, ante todo, quiere que seamos felices, que vivamos felices. 
El Plan de Dios es muy grande. Enorme. Imposible pensar todo lo que tendrá preparado para cada uno en esta vida. Pero la que más nos importa es la que viene, por eso hay que preparse, ser buenas personas y perseverar en este camino de fe. 
No es fácil, claro está: caemos, nos levantamos, tropezamos, caemos, nos volvemos a levantar. Lo importante (creo) es no perder el norte, ya que como dice la Palabra, "gracias a la constancia salvarán sus vidas" . 

Hacia Jesús queremos ir y María, como buena Madre, nos ayudará mucho en nuestro caminar.
Al pensar todo esto, recordaba esa frase de Cecilia Perrín, joven focolar que sufrió un cáncer en pleno embarazo y los médicos le aconsejaron que abortara, pero ella supo llevar ese embarazo, más allá de todo dolor, porque a pesar de tantos problemas, sabía cual era su meta: la santidad. 
Su frase, tan linda y acertada fue: "Tus caminos son una locura, rompen mi humanidad, pero son los únicos que quiero recorrer". ¡Qué frase tan hermosa!, ¿no?. Cada vez que la leo, algo me mueve en lo más íntimo.

Pase lo que pase, no perdamos de vista nuestro norte. Dios nos ama, nos quiere ver más unidos que nunca siendo, seriamente, levadura en la masa. El mundo está como está por falta de cristianos auténticos, que vivan genuinamente. El mundo necesita vernos unidos en serio, corazón con corazón, como reza la oración del P. Victor. No estamos para seguir paveando. Muchos hombres y mujeres buscan respuestas a miles de problemas diarios. Nosotros encontramos una gran solución: Jesús. ¿Y si lo anunciamos?...

¡No dejemos de navegar mar adentro!

En nuestro trabajo, en la escuela, en las universidades, donde sea ¡hay mucho por hacer!.
Cosas que uno nunca imagina pero que Dios, en sus grandes obras, nos tiene preparadas.

¡Un abrazo inmenso en Cristo Jesús y María Santísima!

En estos días redactaré la segunda parte... 
¿cómo siguió mi relación con el ordenanda?

28 de mayo de 2012

Cada uno de nosotros, instrumentos de Dios, para hacer el bien.

              ¿No ardía acaso nuestro corazón 
                          mientras nos hablaba en el camino?
(Lc 24, 32)

Sinceramente, estuve pensando todo el día en vos. Pensando cómo contarte esto. 
Algo me desafiaba por dentro. Una voz... 
Me decía constantemente "dale, escribí", "contales lo que sentís", "animate".
Esto me llevó a descubrir con el paso de las horas, que no fue "algo" sino "alguien".
Fue Dios, estoy seguro. 

Y vos me dirás: ¡¡Ahh, si...!! ¿¿y cómo sabés eso??.

Te aseguro que una sola señal te basta, para darte cuenta que eso que vivís cada día, es de Dios: el estado de tu corazón. Cuando las cosas son de Dios, tu corazón arde, se prende fuego por dentro, buscás calmarlo pero por el contrario quema mucho más.
Es Él, te lo aseguro. Es Él que, como a los discípulos de Emaús, te hace arder el corazón con su sola presencia. En la naturaleza, en las cosas sencillas de cada día, en un abrazo que se funde entre dos amigos, en el amor -de verdad- que se tienen los novios, los esposos.
Vos tenés la posibilidad de sentir esto CADA DÍA DE TU VIDA. Sólo hay que callarse un poco más, dejar de hablar tanto por dentro  llenando de ruidos el alma, para dar paso al Señor. Cuando Él entra, ¡viene para quedarse!.

Obviamente, habrá días que arda más que otros. Habrá días que no lo sientas tanto. No porque Él no esté allí, sino porque seguramente no estés sintonizando su canal. 
El hecho de vivir tan inmersos en el mundo hace que a veces nos ahoguemos en miles de actividades. Cuando esto sucede, podemos olvidar el motivo por el cual hacemos todas las cosas, hasta incluso el motivo de nuestra existencia. 
Sin embargo Él no se va. Atiende las 24 horas. Esto debe quedarte clarito.

En fin... volviendo, te comentaba...
Durante la semana que pasó me inquieté por algunas cosas que se fueron dando en cadena. Venía creciendo gradualmente. Un enfriamiento espiritual quizás. Esto traía como consecuencia visiones un tanto pesimistas sobre algunas cosas, un poco de desconfianza sobre otras, y desgano también.

Mi grupo de amigos de la Pastoral Universitaria, realizaban este fin de semana un campamento y, como años anteriores, ya había confirmado mi asistencia. 
Durante la semana anterior al campamento, recordé que tenía un compromiso el día sábado. Intenté arreglar todo como para estar presente en ambos lugares, pero no pude. Así que me terminé quedando en la ciudad. 
Cuando resolví esto, resongué un poco conmigo mismo, y Dios no estuvo al margen de esa discusión, obviamente. Pero luego de unos minutos todo pasó. 
Le dije a Jesús "Está bien, está bien... me quedo. Tenés razón. Me comprometí con esto, me quedo acá". Quizás, con todo esto, tengas preparadas otras cosas más lindas, o más importantes para mi vida.

Finalmente, el sábado, hablando con unas hermanas consagradas, surgió la idea de ir a visitar a los chicos el Domingo, y participar en la Misa junto con ellos.

Llegó el Domingo. A las 8:45 estaba arriba. Me vestí, preparé el mate, unos CD's con música folckórica y salí al encuentro de las monjas. 
Ellas son cuatro, viviendo en comunidad. 
Los cinco emprendimos la marcha hacia Maizales, el pueblo donde se hacía el campamento. Un pueblo que no tiene más de 15 casas alrededor y queda a unos 40 kilómetros de Rosario.
El viaje fue estupendo. Música, mates, charlas, risas y hasta nos perdimos en el camino.

Llegamos al pueblo. Hasta ese momento, mi estado de ánimo venía al 50%. 
Estaba felíz, por supuesto, pero venía (como dije antes) un poco cansado de la semana y espectante de cómo andarían los chicos, y con cierta pena quizás por no haber ido al campa.

Comencé a saludar uno por uno, mujeres y varones, sucios por el barro, otros con olor a humo, a los no tan sucios y también los más limpitos, que recién salían de bañarse. 
De todos, uno de ellos cambió mi estado de ánimo de inmediato con un gesto muy sencillo que no esperaba recibir.

Yo no lo había visto, más bien, fue él quien de lejos me vio a mi, y vino con una felicidad genuina a darme un fuerte abrazo y saludarme. Hacía tiempo (semanas) que no nos cruzábamos, que no hablábamos.
No sé si te ocurre a menudo, pero al menos yo me doy cuenta cuándo ciertos abrazos o apretones de manos, o saludos, son por mera formalidad o porque de verdad la otra persona (o vos, cuando lo das) sentís esa amistad como algo serio. Ocurre también cuando nos damos el saludo de paz durante la Misa. Uno puede notar fácilmente el saludo frio o tibio de algunas personas, y el saludo fervoroso, animado y muy fraterno de otras.

En ese gran abrazo, en su saludo, y su interés por saber cómo andaba, sentí esto de ser comunidad nuevamente, esto de ser (en la PUR, en la Iglesia) una familia en torno a Dios. 
Dios me demostraba nuevamente que allí estaba, haciéndose presente por medio de ese amigo, que con ese gran abrazo me decía "¡dale, vamos, adelante, ánimo!".
En seguida me cambió la cara y esa felicidad volvió. Ese corazón que se estaba enfriando, volvió a funcionar a toda máquina, encontró nuevamente su identidad, su rumbo.



Todos estamos llamados a hacer lo que hizo este amigo conmigo. Tenemos -todos- el deber de ser levadura en la masa, y ¿qué mejor que dar testimonio con la alegría, con la felicidad que brota del espíritu?. Necesitamos alentarnos, como en toda familia los padres alientan a sus hijos a continuar, a luchar por la vida. Necesitamos preocuparnos más unos por otros, interesarnos por la vida del otro como lo hace Cristo. Esto es lo que nos diferencia de muchas personas, que pueden ver a los otros como "uno más", como alguien que me puede traer ciertos beneficios, como un medio para llegar a un objetivo personal, etc...

Luego de ese gran abrazo, me reí, bailé con los chicos y, por supuesto, hablé con muchos de ellos. Se notaba que habían vivido días intensos y que, en contacto con la naturaleza y en clima más relajado, se habían encontrado con el Señor y Él los había revitalizado.

Minutos más tarde participamos de la Eucaristía. En ella celebramos los 2012 años de Iglesia y recordamos aquel día en que los discípulos y María Santísima fueron llenos del Espíritu Santo, quien los alentó para que salieran a anunciar a todo el mundo las proezas de Dios. 
Luego de finalizada la Misa, el tiempo empeoró, por lo que una de las hermanas propuso volver a la ciudad y los otros cuatro aceptamos.

De regreso, vimos en la ruta a un seminarista y un sacerdote. El seminarista estaba esperando un colectivo para ir a Rosario. Entonces nos detuvimos para llevarlo, pero cuando lo hicimos, el colectivo (que venía detrás nuestro) frenó y él subió rápidamente, por lo que no nos pudimos ver.

Sin embargo, minutos más tarde le envié un SMS y terminamos encontrándonos en la casa de las hermanas consagradas. Allí almorzamos y hablamos durante casi 3 horas. Una charla muy linda.

Luego de ahí, acompañé al joven seminarista hasta la terminal de ómnibus, donde debía tomar su colectivo para volver al Seminario. 
El día fue intenso y cargado de grandes momentos.
Me asombré de todo lo que Dios me tenía preparado para este fin de semana. ¡No lo esperaba!, y me vinieron nuevamente al oído, a la mente y por supuesto al corazón, esas palabras del salmista que dice "¡Qué grandes son tus obras Señor, qué profundos tus proyectos!" (Salmo 92, 6).

Todo esto desembocó en ganas de hacer un video con algunas imágenes de lo que hemos vivido este último año o año y medio en la Pastoral Universitaria. Momentos increíbles, cargados de sentido, como el abrazo de mi amigo, que a veces olvidamos por el trajín del día a día.
Que estos momentos, queden impregnados en lo más profundo de tu corazón. Nunca olvides todo el bien que has hecho. No olvides tus aventuras con el Señor. Que esto te sirva para motivarte e impulsarte a seguir haciendo el bien en nombre de Dios.



   

29 de febrero de 2012

Pensamientos del Card. Newman


Debería ser un referente para todo universitario, sin distinguir entre docentes o alumnos. Para todos. El Beato Newman no fue beatificado por realizar grandes milagros, o apariciones, etc. Nada de eso. 
Fue elevado a los altares por su evangelización en el plano cultural, por la búsqueda incansable de la Verdad, por el gran trabajo en el campo de la fe y la razón.

A continuación, en algunas líneas, describimos el objeto de trabajo del Card. Newman (como anglicano, primero, y luego, al convertirse al catolicismo).  
Esta declaración la hizo luego de recibir, de forma inesperada, la noticia de que el Papa León XIII lo nombraría cardenal de la Iglesia Católica.

"Durante treinta, cuarenta o cincuenta años me he resistido con todas mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión (...). El Liberalismo en religión es la doctrina que no acepta la existencia de la verdad positiva en el ámbito religioso, sino que afirma que un credo es tan bueno como cualquier otro; ésta es la enseñanza que día a día va ganando acometividad y fuerza. Se manifiesta incompatible con el reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Enseña que todas deben ser toleradas, como asuntos de simple opinión. La religión revelada -se afirma- no es una verdad, sino un sentimiento y una experiencia; no obedece a un hecho objetivo o milagroso, y a cada persona le asiste el derecho a interpretarla a su gusto. (...). La religión es una convicción tan personal y un bien tan privado que necesariamente hemos de ignorarla en las relaciones con otras personas".

Podríamos decir que Newman se anticipó a denunciar lo que sucedería en nuestros días, ¿no creen?. Esto que hoy conocemos como la "New Age" o "Religión a la carta". 
Segundo, podríamos resumir que su trabajo se basó, en parte quizás, en hacerle frente intelectualmente al relativismo cultural y ético que se comenzaba a vislumbrar, tarea que hoy, con gran esfuerzo, lleva adelante S.S. Benedicto XVI.
Este fue uno de los motivos por el cual el Santo Padre decidió viajar hacia el Reino Unido para beatificar al Card. Newman, en Septiembre de 2010.

Antes de irnos, tres libros recomendados, escritos por Newman. Obviamente no son los únicos libros que él escribió. 



Carta al Duque de Norfolk:
Esta carta, escrita por Newman para rebatir las críticas ofensivas del político Gladstone a los católicos, está considerada como uno de los textos más luminosos de la literatura cristiana acerca de la conciencia moral.







Apología pro Vita Sua:

La temática del libro se basa en la conversión de Newman del anglicanismo al catolicismo; una historia que versa sobre el valor de nuestras propias elecciones. Es el testimonio de cómo una batalla personal librada en el terreno de la religión y del dogma teológico puede resultar tan apasionante, como llena de significado.





Discursos sobre la fe:

Desarrollan las líneas doctrinales que vertebran la vida cristiana, contribuyen al enriquecimiento espiritual y señalan con nitidez dónde se halla la única y verdadera Iglesia de Cristo.








¡Hasta pronto!


Fuente consultada: Semanario Católico Cristo Hoy | 16 al 22 de Septiembre | 2010 | Ed.851

12 de septiembre de 2011

Hijo, ¿estás bien?, tené cuidado.

Hace apenas tres semanas finalizó con éxito, en la ciudad de Madrid -España-, la XXVI Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Para ser más preciso, se llevó a cabo del 16 al 21 de Agosto del corriente año.

Fueron para todos días extraordinarios, y esto ya se venía anticipando. No hay JMJ que no termine bien, primero porque Cristo es quien mueve todo allí, quien convoca a los jóvenes. Segundo porque es una pequeña muestra de la universalidad de la Iglesia y tercero porque es la mayor fiesta mundial de jóvenes. Eso son solo tres variables, de muchas más, que garantizan el éxito de este evento. El primero, sin dudas es la presencia de Dios.

Sin embargo, parece que esto no les preocupó tanto a los medios de comunicación argentinos. Parece ser que le preocupaba mucho la revuelta de los indignados y el efecto que sus actos podrían tener en la JMJ. Y tanto les preocupaba esto que se olvidaron de lo central, que fue la JMJ, para enfocarse en lo pequeño y pasajero que fue la ira de un pequeño grupo de personas que, sesgadas por quien sabe qué intereses, quisieron opacar la fiesta de la juventud.

Y es aquí donde cabe señalar a los medios como malos agentes de información o, al menos, como mentirosos. Y digo esto ya que, en vez de mostrar todo lo bueno que sucedió en la Jornada Mundial, por ejemplo: que hayan asistido casi tres millones de jóvenes (cuando se esperaban sólo dos millones), que los jóvenes hayan soportado el temporal del sábado 20 a la noche -tormenta eléctrica, lluvia, el viento que levantó varias tiendas de campaña, etc-, que algunos grupos de jóvenes hayan soportado los agravios de los manifestantes y pese a eso hayan seguido mostrando calma y coherencia con lo que profesan e intentan vivir, y un sin fin de etc... en vez de informar buenas noticias, se enfocaron sólo en lo malo, algo a lo que ya nos vienen acostumbrando desde hace un par de añitos...


Y allí donde viene a colación el título de la publicación. Cada vez que llamaba a mi casa para informar donde estaba o cómo la estábamos pasando, desde casa me decían "cuidate, por favor, tené cuidado". Mis amigos me decían lo mismo. Y esto no me sucedió sólo a mi... nos sucedió a todos los que viajaron conmigo. Entonces respondíamos que lo que ellos, desde Argentina, veían por televisión, no era lo que en verdad estaba sucediendo en España, sino que era algo insignificante pero (como les encanta hacer a los medios) inflado para que la gente se alarme y sobrepreocupe.


No vamos a negar, obviamente, que hubo manifestantes que irrespetuosamente agredieron, escupieron e insultaron a peregrinos. Sin embargo la mayoría de los españoles que nos cruzábamos nos agradecía, nos felicitaba, nos saludaba, nos tiraba agua desde los balcones para refrescarnos, entre otras...

Recuerdo en Barcelona, por ejemplo, una mujer que nos dijo no estar tan de acuerdo con la JMJ y sin embargo nos agradecía estar allí, ser amables con ella, haber hablado con ella, compartido sólo una conversación durante un viaje en ómnibus.
Esta última, la mujer, es la reacción educada y culta. Los otros "indignados" son el ejemplo de la intolerancia y mala educación.
Ellos mismos se quitan la razón que dicen tener. Porque uno puede protestar, pero cuando ya entra en juego la violencia, toda palabra pierde valor, pierde credibilidad, pierde certeza. Ellos no estaban enojados por ningún presupuesto (como han querido argumentar, diciendo que la visita del Papa ocasionaba a España grandes gastos). Estaban enojados por la presencia de tantos jóvenes que profesen a viva voz su amor por Cristo. Estaban enojados por la visita de Benedicto XVI, actual Papa, pastor y cabeza de la Iglesia. No soportaron ver tanta felicidad. No soportaron ni soportan que haya jóvenes con valores y raíces cristianas que crean en el amor en serio y no como algo que se lo lleva el viento. Les ha de haber ardido el estómago al ver jóvenes que intentan vivir su vida con valores en serio y no una vida "light". 

Todo esto ha de haber hecho efervecer a estas personas que sin razón salieron a protestar.
Y frente a estos pocos que gritaban con odio cualquier barbaridad, otros miles, millones, gritaban a los cuatro vientos cantos de esperanza, cantos de amor.
Estos últimos no salieron en las tapas de los diarios, pero son los que día a día tratan de hacer de nuestro país, del lugar donde viven, una sociedad más justa y más fraterna. Son aquellos a los que un cantante argentino, Daniel Poli, llama "héroes anónimos".

En las siguientes fotos podrán ver la cantidad de gente que había en el aeródromo de Cuatro Vientos, el día de la Misa de clausura. Allí los jóvenes se estaban levantando. Uno ve el horizonte y no deja de ver cabezas y cabezas. Y eso que es sólo un fragmento de los 360°. 

Esto no salió en los diarios seguramente. Seguramente sea más importante una pelea entre un manifestante y un peregrino, que ver a miles de jóvenes en paz. 
Está en quien compra el diario, en quien ve el canal de noticias, en quien elige la fuente para informase, cambiarla. No creamos todo lo que vemos y escuchamos en los medios de comunicación. Hay que saber discernir las cosas buenas de las malas. Hoy, a la hora de ver la TV, de leer el diario, de escuchar la radio, tenemos que afilar nuestra mente y ver bien qué nos están queriendo decir. Doble trabajo quizás, ¡pero vale la pena!. 


Hasta la próxima!


7 de agosto de 2011

Oración para aceptarme a mí mismo

Antes de rezar la oración, te recomiendo frenar. ¡pará! y desacelerate. Después, hacé click en el video que está a continuación. Es música para intentar entrar en clima. Luego leé la oración. No como si leyeras un artículo de un diario. NO. Leela, volvé a leerla y frená en aquellas partes donde creés que te está hablando a vos, donde creés que lo que dice te toca más el corazón. Allí, frená y meditá. 

Padre amado, soy la obra de amor de tus afectuosas manos, soy el fruto de tu infinita y delicada ternura, soy la criatura preciosa que soñaste modelar a tu imagen desde toda la eternidad.
Mi señor, quiero amarte como Tú me amas, quiero valorarme como Tú me aprecias, respetarme como Tú me respetas.
Permíteme descubrir mejor las riquezas y tesoros de gracia que Tú, Padre bueno, has derramado en mi corazón.
Jesús, vida mía, enséñame a amarme tal como soy, a descubrir las cosas buenas que hay en mi ser, a reconocerme realmente como hijo amado del Padre. Tú amas mi piel, mi cuerpo, mi voz.
Ayúdame a mirarme con tu mirada de amor para descubrir que soy único y para que ya no me compare con los demás.
Espíritu divino, inunda con tu amor lo más íntimo de mi ser y ayúdame a perdonarme a mí mismo. Señor, por las veces que me he equivocado, dame la gracia de no condenarme y de aprender a ser paciente conmigo mismo. Tú que eres libre, dame la libertad para buscar nuevos caminos cada vez que me equivoque, para no sumergirme en las tristezas, lamentando mis errores.
Hoy quiero perdonarme por aquellos pecados que Tú me perdonaste para siempre pero que continúan en mis recuerdos quitándome la alegría. Dame la gracia de perdonarme a mí mismo con tu amor y de aceptar la vida nueva que me regalaste con tu perdón divino.
Consume con tu fuego de amor mis ataduras, y desata todo lo bueno que Tú pusiste en mí, todos los dones y carismas que me brindaste y que yo no llego a percibir y aprovechar.
Estemece de amor mi corazón, Señor, para que descubra que estás sosteniendo cada latido, y que este instante de vida es un regalo de tu amor. Ayúdame a descubrirlo con alegría. 
Padre mío, que me tejiste con amor en las entrañas de mi madre y con tu infinito poder me haces existir también hoy, enséñame a quererme, a aceptar mi lugar dentro de mi familia y de mi comunidad. Abre mi corazón para recibir y dar amor.
María, con tu ternura maternal acúname en tu regazo de madre y sana con tu dulzura y tus caricias todo rechazo que haya sentido desde mi concepción.
Te doy gracias por haberme creado, mi Padre Dios, porque me hiciste parecido a Ti, y porque hoy me das la gracia de aceptarme a mí mismo y de ser feliz así como soy. Amén.


9 de julio de 2011

La Reconciliación. Vivir unido a Dios, Serle fiel.

Seguramente, muchas veces en la escuela, en la universidad, alguien te ha dicho que detesta que los católicos se crean que por su condición -de católicos- estos crean que se salvarán. Ojalá fuera tan fácil, ¿no?...
Ciertamente, no es así. No basta decir "soy cristiano", "Soy católico" para estar 'en regla' con Dios.
La vida de un católico, de un cristiano, es hermosa, pero a la vez exigente. Y esa exigencia es la que la hace más hermosa, porque nos invita a mejorar, a santificarnos día tras día.
Un de las herramientas más fuertes que tiene todo cristiano es la Reconciliación.
Pero...¿qué es esto que a veces no conocemos y que tan a mano tenemos?

En el sacramento de la Reconciliación o de la Penitencia (que comúnmente llamamos también Confesión), Dios nos perdona nuestros pecados. Por este sacramento nos reconciliamos con el Padre y con nuestros hermanos, a quienes tantas veces en nuestra vida ofendemos.
En él se unen nuestro dolor y arrepentimiento por las faltas cometidas y el amor infinitamente misericordioso del Padre, que nos perdona y nos acoge.

Toda la vida de Jesús y sus palabras están marcadas por su actitud comprensiva y de perdón y Él quiso dejar a su Iglesia este poder de perdonar.

Para Dios no hay ningún pecado que no sea perdonado, si hay un arrepentimiento sincero y la intención verdadera de tratar de cambiar nuestra vida.

1.¿Qué es el sacramento de la Reconciliación?
En este sacramento, el cristiano es llamado por el Espíritu Santo a arrepentirse de sus pecados, a recibir el perdón de Cristo que lo reconcilia con el Padre, por medio de la Iglesia.

 2. ¿Qué nombre se le da a este sacramento?
Se le dice "sacramento de la penitencia" o, simplemente, confesión. Lo llamamos también "sacramento de la reconciliación". Este es el mejor nombre, porque, en realidad, la confesión es sólo una parte o aspecto del sacramento.

3.¿De dónde viene el sacramento de la Reconciliación?
El mismo Jesucristo, después de resucitar, envió a sus Apóstoles a predicar, diciéndoles "Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados" (Jn. 20, 22-23).

4.¿Qué es un pecado?
Es algo malo que hacemos. Algún error que cometemos en la vida. Es una desobediencia a Dios y a nuestra conciencia. Es algo que hace a este mundo peor. Es una falta de amor frente a Dios o al prójimo. Para que exista pecado, debemos tener conciencia de que estamos actuando mal y hacerlo libremente.

5.Si el pecado es una ofensa a Dios, ¿por qué nos tenemos que confesar con un hombre? ¿no es mejor confesarse directamente con Dios?
Siempre hay que pedir perdón a Dios por nuestras faltas y pecados. El hacerlo directamente con Dios, sin embargo, no basta. Jesús, como ya vimos, dio a su Iglesia, a través de los Apóstoles, el poder y el encargo de perdonar los pecados. Nuestras faltas, además de ofender a Dios, dañan a nuestra Iglesia. El sacerdote en el sacramento de la Reconciliación representa a Cristo y a la Iglesia, y en nombre de ellos nos perdona.

6.¿Por qué nos pediría Jesús algo que para muchos es difícil?
En primer lugar, porque cuando pecamos no sólo ofendemos a Dios. También ofendemos a los demás. Hacemos que los demás, la comunidad, el mundo, sean peores. Por eso tenemos que reconciliarnos también con la comunidad, representada por el sacerdote.

Segundo lugar, quiso que hiciéramos este acto de humildad. Cuando uno está arrepentido, tiene que demostrarlo. Por eso la confesión no es algo propio de gente débil, sino de gente valiente. Supone tener mucho coraje para reconocer los propios pecados ante un hombre pecador como nosotros.
La Reconciliación es también una ayuda para aliviar nuestro espíritu oprimido por la culpa.

7.A menudo escuchamos hablar de diferentes tipos de pecados: pecado original, pecado mortal, pecado venial y pecado social, ¿qué significa cada uno de ellos?
  • Pecado original: Es el pecado de desobediencia a Dios que cometieron nuestros primeros padres, Adán y Eva, y que todos heredamos. Es la ruptura de la relación de amistad entre Dios y los hombres, la que es restablecida por Jesucristo. En el Bautismo se nos borra el pecado original.
  • Pecado mortal: Es un acto mediante el cual un hombre, con libertad y conocimiento, rechaza a Dios, su ley, la alianza de amor que Dios le propone. Un acto que ofende gravemente a Dios y termina por volverse contra el mismo hombre, con una oscura y poderosa fuerza de destrucción. Se le llama mortal  porque mata o destruye la vida de Dios en nosotros. Pueden ser pecados mortales, por ejemplo: un asesinato, un aborto, un adulterio, la tortura, una grave injusticia, etc...
  • Pecado venial: Es  una falta menos grave que nos aleja de Dios y del prójimo, como, por ejemplo: un insulto, una rabia, una mentira, o cualquier falta que no signifique una ruptura definitiva con Dios.
  • Pecado social: Todo pecado es siempre un acto de la persona que, sin embargo, tiene implicancias en la sociedad entera. El pecado de cada uno repercute de cierta manera en los demás. Es social todo  pecado cometido contra los derechos de la persona humana, contra la libertad ajena y contra la dignidad y el honor del prójimo. Es social todo pecado contra el bien común y sus exigencias.  Es pecado social la falta de solidaridad entre las distintas comunidades humanas (sistemas económicos injustos, estructuras de opresión, luchas de clases, etc...)
  8.¿cuántas formas hay de prepararnos para el sacramento de la Reconciliación?
Fundamentalmente dos: la individual y la comunitaria.

La individual: Es aquella en la que cada uno hace privadamente su examen de conciencia y luego se confiesa con un sacerdote, en el confesionario u otro lugar.

La comunitaria: Es la que se prepara en comunidad. Se reúne un grupo de personas en la capilla, ora, canta, escucha la Palabra de Dios y hace el exámen de su conciencia en común. Después va cada uno privadamente donde está el sacerdote y confiesa sus pecados.

9.¿Qué pasos se han de dar en toda confesión?
a) Lo primero y principal es estar arrepentido y convertido. No puede ir uno a confesarse por rutina o para volver a hacer después lo mismo.

b) Después ha de hacer un buen exámen de conciencia, es decir, ha de revisar su pasado y ver en qué ha pecado, según lo que Cristo nos enseñó.

c) Después, normalmente, se ha de hacer la confesión.

10.¿Cómo se ha de hacer la confesión con el sacerdote?
(Primero, como con cualquier persona) Se va donde está y se lo saluda. Muchas veces éste dice: "Ave María Purísima", y nosotros contestamos, "sin pecado concebida".

Una vez que se han dicho los pecados, el sacerdote suele dar algunos consejos y, por último, nos da la absolución. Es el momento en que Jesucristo perdona los pecados. Es una oración por la que oficialmente se nos transmite el perdón de Dios a través de la Iglesia.

Por último, el sacerdote nos indica una penitencia, es decir, nos pide hacer una obra buena para demostrar a Dios que estamos arrepentidos y que lo tomamos en serio.

Todo esto, personalmente, me hace acordar a la escena de la película "La Misión", donde Rodrigo Mendoza, colono español, en tierras argentinas, tiene una disputa con su hermano por una mujer. Llega el momento donde él, entra en la habitación de su hermano y lo ve acostado con ella. Al cabo de unas horas, por esto, lo mata atravesándole un puñal. Más tarde estará en prisión, atendido espiritualmente por los padres jesuitas. No sabían qué le sucedía ya que no quería hablar y su mirada estaba perdida, como dolido por lo que había hecho. Entonces, uno de los sacerdotes (que se puede ver en este video -quien lo abraza-) habla con él y le dice que si verdaderamente estaba arrepentido, Dios lo perdonaría. Como penitencia personal decidió cargar con sus armaduras hasta la Misión San Carlos (donde los padres jesuitas tenían una comunidad de indios guaraníes, y para llegar había que atravesar ríos, incluso subir un largo trecho, escalando en zona de cataratas). Rodrigo, asume llevar todas sus armaduras a ese lugar, como signo de penitencia. Y no se espera lo que vas a ver en el siguiente video... sin embargo, podrás notar su arrepentimiento. ¡Mira el video! sirve mucho para reflexionar sobre este tema...
Ahh! y olvidaba... la mirada y asombro (al principio) de los guaraníes se debe a que Él, a menudo, se metía en la selva misionera para buscarlos y matarlos.


11.¿Puede el sacerdote decir algo de lo que ha escuchado en confesión?
NO, nunca, nada. Se tiene que dejar matar antes que revelar este secreto. Ni siquiera para hacer bien al penitente. Tampoco puede hablar con la persona misma de lo que han hablado en el confesionario, se ésta no lo pide.
TEXTOS PARA LEER:
  • San Juan 20, 19-23.
  • San Lucas 19, 1-10.
  • San Juan 8, 1-11.
 Si querés trabajar esto en grupo, podés hacerlo con las siguientes preguntas:
a) ¿Por qué se confiesa la gente?
b) ¿Se necesita confesarse antes de comulgar?
c) ¿Cada cuánto tiempo habría que confesarse?

Sería estupendo que puedas conseguir a un sacerdote amigo para realizar este debate grupal ya que él, como cura, podrá aclararles todas, o casi todas, las dudas a los jóvenes. De hecho, una de las principales funciones de un sacerdote es atender el sacramento de la Reconciliación que tan bien hace a toda la Iglesia.


¡Hasta pronto querido amigo!

Fuente: "Señor, que vea" | Breve catequésis para adultos | Editorial Claretiana, 2003.






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