12 de septiembre de 2011

Hijo, ¿estás bien?, tené cuidado.

Hace apenas tres semanas finalizó con éxito, en la ciudad de Madrid -España-, la XXVI Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Para ser más preciso, se llevó a cabo del 16 al 21 de Agosto del corriente año.

Fueron para todos días extraordinarios, y esto ya se venía anticipando. No hay JMJ que no termine bien, primero porque Cristo es quien mueve todo allí, quien convoca a los jóvenes. Segundo porque es una pequeña muestra de la universalidad de la Iglesia y tercero porque es la mayor fiesta mundial de jóvenes. Eso son solo tres variables, de muchas más, que garantizan el éxito de este evento. El primero, sin dudas es la presencia de Dios.

Sin embargo, parece que esto no les preocupó tanto a los medios de comunicación argentinos. Parece ser que le preocupaba mucho la revuelta de los indignados y el efecto que sus actos podrían tener en la JMJ. Y tanto les preocupaba esto que se olvidaron de lo central, que fue la JMJ, para enfocarse en lo pequeño y pasajero que fue la ira de un pequeño grupo de personas que, sesgadas por quien sabe qué intereses, quisieron opacar la fiesta de la juventud.

Y es aquí donde cabe señalar a los medios como malos agentes de información o, al menos, como mentirosos. Y digo esto ya que, en vez de mostrar todo lo bueno que sucedió en la Jornada Mundial, por ejemplo: que hayan asistido casi tres millones de jóvenes (cuando se esperaban sólo dos millones), que los jóvenes hayan soportado el temporal del sábado 20 a la noche -tormenta eléctrica, lluvia, el viento que levantó varias tiendas de campaña, etc-, que algunos grupos de jóvenes hayan soportado los agravios de los manifestantes y pese a eso hayan seguido mostrando calma y coherencia con lo que profesan e intentan vivir, y un sin fin de etc... en vez de informar buenas noticias, se enfocaron sólo en lo malo, algo a lo que ya nos vienen acostumbrando desde hace un par de añitos...


Y allí donde viene a colación el título de la publicación. Cada vez que llamaba a mi casa para informar donde estaba o cómo la estábamos pasando, desde casa me decían "cuidate, por favor, tené cuidado". Mis amigos me decían lo mismo. Y esto no me sucedió sólo a mi... nos sucedió a todos los que viajaron conmigo. Entonces respondíamos que lo que ellos, desde Argentina, veían por televisión, no era lo que en verdad estaba sucediendo en España, sino que era algo insignificante pero (como les encanta hacer a los medios) inflado para que la gente se alarme y sobrepreocupe.


No vamos a negar, obviamente, que hubo manifestantes que irrespetuosamente agredieron, escupieron e insultaron a peregrinos. Sin embargo la mayoría de los españoles que nos cruzábamos nos agradecía, nos felicitaba, nos saludaba, nos tiraba agua desde los balcones para refrescarnos, entre otras...

Recuerdo en Barcelona, por ejemplo, una mujer que nos dijo no estar tan de acuerdo con la JMJ y sin embargo nos agradecía estar allí, ser amables con ella, haber hablado con ella, compartido sólo una conversación durante un viaje en ómnibus.
Esta última, la mujer, es la reacción educada y culta. Los otros "indignados" son el ejemplo de la intolerancia y mala educación.
Ellos mismos se quitan la razón que dicen tener. Porque uno puede protestar, pero cuando ya entra en juego la violencia, toda palabra pierde valor, pierde credibilidad, pierde certeza. Ellos no estaban enojados por ningún presupuesto (como han querido argumentar, diciendo que la visita del Papa ocasionaba a España grandes gastos). Estaban enojados por la presencia de tantos jóvenes que profesen a viva voz su amor por Cristo. Estaban enojados por la visita de Benedicto XVI, actual Papa, pastor y cabeza de la Iglesia. No soportaron ver tanta felicidad. No soportaron ni soportan que haya jóvenes con valores y raíces cristianas que crean en el amor en serio y no como algo que se lo lleva el viento. Les ha de haber ardido el estómago al ver jóvenes que intentan vivir su vida con valores en serio y no una vida "light". 

Todo esto ha de haber hecho efervecer a estas personas que sin razón salieron a protestar.
Y frente a estos pocos que gritaban con odio cualquier barbaridad, otros miles, millones, gritaban a los cuatro vientos cantos de esperanza, cantos de amor.
Estos últimos no salieron en las tapas de los diarios, pero son los que día a día tratan de hacer de nuestro país, del lugar donde viven, una sociedad más justa y más fraterna. Son aquellos a los que un cantante argentino, Daniel Poli, llama "héroes anónimos".

En las siguientes fotos podrán ver la cantidad de gente que había en el aeródromo de Cuatro Vientos, el día de la Misa de clausura. Allí los jóvenes se estaban levantando. Uno ve el horizonte y no deja de ver cabezas y cabezas. Y eso que es sólo un fragmento de los 360°. 

Esto no salió en los diarios seguramente. Seguramente sea más importante una pelea entre un manifestante y un peregrino, que ver a miles de jóvenes en paz. 
Está en quien compra el diario, en quien ve el canal de noticias, en quien elige la fuente para informase, cambiarla. No creamos todo lo que vemos y escuchamos en los medios de comunicación. Hay que saber discernir las cosas buenas de las malas. Hoy, a la hora de ver la TV, de leer el diario, de escuchar la radio, tenemos que afilar nuestra mente y ver bien qué nos están queriendo decir. Doble trabajo quizás, ¡pero vale la pena!. 


Hasta la próxima!


7 de agosto de 2011

Oración para aceptarme a mí mismo

Antes de rezar la oración, te recomiendo frenar. ¡pará! y desacelerate. Después, hacé click en el video que está a continuación. Es música para intentar entrar en clima. Luego leé la oración. No como si leyeras un artículo de un diario. NO. Leela, volvé a leerla y frená en aquellas partes donde creés que te está hablando a vos, donde creés que lo que dice te toca más el corazón. Allí, frená y meditá. 

Padre amado, soy la obra de amor de tus afectuosas manos, soy el fruto de tu infinita y delicada ternura, soy la criatura preciosa que soñaste modelar a tu imagen desde toda la eternidad.
Mi señor, quiero amarte como Tú me amas, quiero valorarme como Tú me aprecias, respetarme como Tú me respetas.
Permíteme descubrir mejor las riquezas y tesoros de gracia que Tú, Padre bueno, has derramado en mi corazón.
Jesús, vida mía, enséñame a amarme tal como soy, a descubrir las cosas buenas que hay en mi ser, a reconocerme realmente como hijo amado del Padre. Tú amas mi piel, mi cuerpo, mi voz.
Ayúdame a mirarme con tu mirada de amor para descubrir que soy único y para que ya no me compare con los demás.
Espíritu divino, inunda con tu amor lo más íntimo de mi ser y ayúdame a perdonarme a mí mismo. Señor, por las veces que me he equivocado, dame la gracia de no condenarme y de aprender a ser paciente conmigo mismo. Tú que eres libre, dame la libertad para buscar nuevos caminos cada vez que me equivoque, para no sumergirme en las tristezas, lamentando mis errores.
Hoy quiero perdonarme por aquellos pecados que Tú me perdonaste para siempre pero que continúan en mis recuerdos quitándome la alegría. Dame la gracia de perdonarme a mí mismo con tu amor y de aceptar la vida nueva que me regalaste con tu perdón divino.
Consume con tu fuego de amor mis ataduras, y desata todo lo bueno que Tú pusiste en mí, todos los dones y carismas que me brindaste y que yo no llego a percibir y aprovechar.
Estemece de amor mi corazón, Señor, para que descubra que estás sosteniendo cada latido, y que este instante de vida es un regalo de tu amor. Ayúdame a descubrirlo con alegría. 
Padre mío, que me tejiste con amor en las entrañas de mi madre y con tu infinito poder me haces existir también hoy, enséñame a quererme, a aceptar mi lugar dentro de mi familia y de mi comunidad. Abre mi corazón para recibir y dar amor.
María, con tu ternura maternal acúname en tu regazo de madre y sana con tu dulzura y tus caricias todo rechazo que haya sentido desde mi concepción.
Te doy gracias por haberme creado, mi Padre Dios, porque me hiciste parecido a Ti, y porque hoy me das la gracia de aceptarme a mí mismo y de ser feliz así como soy. Amén.


9 de julio de 2011

La Reconciliación. Vivir unido a Dios, Serle fiel.

Seguramente, muchas veces en la escuela, en la universidad, alguien te ha dicho que detesta que los católicos se crean que por su condición -de católicos- estos crean que se salvarán. Ojalá fuera tan fácil, ¿no?...
Ciertamente, no es así. No basta decir "soy cristiano", "Soy católico" para estar 'en regla' con Dios.
La vida de un católico, de un cristiano, es hermosa, pero a la vez exigente. Y esa exigencia es la que la hace más hermosa, porque nos invita a mejorar, a santificarnos día tras día.
Un de las herramientas más fuertes que tiene todo cristiano es la Reconciliación.
Pero...¿qué es esto que a veces no conocemos y que tan a mano tenemos?

En el sacramento de la Reconciliación o de la Penitencia (que comúnmente llamamos también Confesión), Dios nos perdona nuestros pecados. Por este sacramento nos reconciliamos con el Padre y con nuestros hermanos, a quienes tantas veces en nuestra vida ofendemos.
En él se unen nuestro dolor y arrepentimiento por las faltas cometidas y el amor infinitamente misericordioso del Padre, que nos perdona y nos acoge.

Toda la vida de Jesús y sus palabras están marcadas por su actitud comprensiva y de perdón y Él quiso dejar a su Iglesia este poder de perdonar.

Para Dios no hay ningún pecado que no sea perdonado, si hay un arrepentimiento sincero y la intención verdadera de tratar de cambiar nuestra vida.

1.¿Qué es el sacramento de la Reconciliación?
En este sacramento, el cristiano es llamado por el Espíritu Santo a arrepentirse de sus pecados, a recibir el perdón de Cristo que lo reconcilia con el Padre, por medio de la Iglesia.

 2. ¿Qué nombre se le da a este sacramento?
Se le dice "sacramento de la penitencia" o, simplemente, confesión. Lo llamamos también "sacramento de la reconciliación". Este es el mejor nombre, porque, en realidad, la confesión es sólo una parte o aspecto del sacramento.

3.¿De dónde viene el sacramento de la Reconciliación?
El mismo Jesucristo, después de resucitar, envió a sus Apóstoles a predicar, diciéndoles "Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados" (Jn. 20, 22-23).

4.¿Qué es un pecado?
Es algo malo que hacemos. Algún error que cometemos en la vida. Es una desobediencia a Dios y a nuestra conciencia. Es algo que hace a este mundo peor. Es una falta de amor frente a Dios o al prójimo. Para que exista pecado, debemos tener conciencia de que estamos actuando mal y hacerlo libremente.

5.Si el pecado es una ofensa a Dios, ¿por qué nos tenemos que confesar con un hombre? ¿no es mejor confesarse directamente con Dios?
Siempre hay que pedir perdón a Dios por nuestras faltas y pecados. El hacerlo directamente con Dios, sin embargo, no basta. Jesús, como ya vimos, dio a su Iglesia, a través de los Apóstoles, el poder y el encargo de perdonar los pecados. Nuestras faltas, además de ofender a Dios, dañan a nuestra Iglesia. El sacerdote en el sacramento de la Reconciliación representa a Cristo y a la Iglesia, y en nombre de ellos nos perdona.

6.¿Por qué nos pediría Jesús algo que para muchos es difícil?
En primer lugar, porque cuando pecamos no sólo ofendemos a Dios. También ofendemos a los demás. Hacemos que los demás, la comunidad, el mundo, sean peores. Por eso tenemos que reconciliarnos también con la comunidad, representada por el sacerdote.

Segundo lugar, quiso que hiciéramos este acto de humildad. Cuando uno está arrepentido, tiene que demostrarlo. Por eso la confesión no es algo propio de gente débil, sino de gente valiente. Supone tener mucho coraje para reconocer los propios pecados ante un hombre pecador como nosotros.
La Reconciliación es también una ayuda para aliviar nuestro espíritu oprimido por la culpa.

7.A menudo escuchamos hablar de diferentes tipos de pecados: pecado original, pecado mortal, pecado venial y pecado social, ¿qué significa cada uno de ellos?
  • Pecado original: Es el pecado de desobediencia a Dios que cometieron nuestros primeros padres, Adán y Eva, y que todos heredamos. Es la ruptura de la relación de amistad entre Dios y los hombres, la que es restablecida por Jesucristo. En el Bautismo se nos borra el pecado original.
  • Pecado mortal: Es un acto mediante el cual un hombre, con libertad y conocimiento, rechaza a Dios, su ley, la alianza de amor que Dios le propone. Un acto que ofende gravemente a Dios y termina por volverse contra el mismo hombre, con una oscura y poderosa fuerza de destrucción. Se le llama mortal  porque mata o destruye la vida de Dios en nosotros. Pueden ser pecados mortales, por ejemplo: un asesinato, un aborto, un adulterio, la tortura, una grave injusticia, etc...
  • Pecado venial: Es  una falta menos grave que nos aleja de Dios y del prójimo, como, por ejemplo: un insulto, una rabia, una mentira, o cualquier falta que no signifique una ruptura definitiva con Dios.
  • Pecado social: Todo pecado es siempre un acto de la persona que, sin embargo, tiene implicancias en la sociedad entera. El pecado de cada uno repercute de cierta manera en los demás. Es social todo  pecado cometido contra los derechos de la persona humana, contra la libertad ajena y contra la dignidad y el honor del prójimo. Es social todo pecado contra el bien común y sus exigencias.  Es pecado social la falta de solidaridad entre las distintas comunidades humanas (sistemas económicos injustos, estructuras de opresión, luchas de clases, etc...)
  8.¿cuántas formas hay de prepararnos para el sacramento de la Reconciliación?
Fundamentalmente dos: la individual y la comunitaria.

La individual: Es aquella en la que cada uno hace privadamente su examen de conciencia y luego se confiesa con un sacerdote, en el confesionario u otro lugar.

La comunitaria: Es la que se prepara en comunidad. Se reúne un grupo de personas en la capilla, ora, canta, escucha la Palabra de Dios y hace el exámen de su conciencia en común. Después va cada uno privadamente donde está el sacerdote y confiesa sus pecados.

9.¿Qué pasos se han de dar en toda confesión?
a) Lo primero y principal es estar arrepentido y convertido. No puede ir uno a confesarse por rutina o para volver a hacer después lo mismo.

b) Después ha de hacer un buen exámen de conciencia, es decir, ha de revisar su pasado y ver en qué ha pecado, según lo que Cristo nos enseñó.

c) Después, normalmente, se ha de hacer la confesión.

10.¿Cómo se ha de hacer la confesión con el sacerdote?
(Primero, como con cualquier persona) Se va donde está y se lo saluda. Muchas veces éste dice: "Ave María Purísima", y nosotros contestamos, "sin pecado concebida".

Una vez que se han dicho los pecados, el sacerdote suele dar algunos consejos y, por último, nos da la absolución. Es el momento en que Jesucristo perdona los pecados. Es una oración por la que oficialmente se nos transmite el perdón de Dios a través de la Iglesia.

Por último, el sacerdote nos indica una penitencia, es decir, nos pide hacer una obra buena para demostrar a Dios que estamos arrepentidos y que lo tomamos en serio.

Todo esto, personalmente, me hace acordar a la escena de la película "La Misión", donde Rodrigo Mendoza, colono español, en tierras argentinas, tiene una disputa con su hermano por una mujer. Llega el momento donde él, entra en la habitación de su hermano y lo ve acostado con ella. Al cabo de unas horas, por esto, lo mata atravesándole un puñal. Más tarde estará en prisión, atendido espiritualmente por los padres jesuitas. No sabían qué le sucedía ya que no quería hablar y su mirada estaba perdida, como dolido por lo que había hecho. Entonces, uno de los sacerdotes (que se puede ver en este video -quien lo abraza-) habla con él y le dice que si verdaderamente estaba arrepentido, Dios lo perdonaría. Como penitencia personal decidió cargar con sus armaduras hasta la Misión San Carlos (donde los padres jesuitas tenían una comunidad de indios guaraníes, y para llegar había que atravesar ríos, incluso subir un largo trecho, escalando en zona de cataratas). Rodrigo, asume llevar todas sus armaduras a ese lugar, como signo de penitencia. Y no se espera lo que vas a ver en el siguiente video... sin embargo, podrás notar su arrepentimiento. ¡Mira el video! sirve mucho para reflexionar sobre este tema...
Ahh! y olvidaba... la mirada y asombro (al principio) de los guaraníes se debe a que Él, a menudo, se metía en la selva misionera para buscarlos y matarlos.


11.¿Puede el sacerdote decir algo de lo que ha escuchado en confesión?
NO, nunca, nada. Se tiene que dejar matar antes que revelar este secreto. Ni siquiera para hacer bien al penitente. Tampoco puede hablar con la persona misma de lo que han hablado en el confesionario, se ésta no lo pide.
TEXTOS PARA LEER:
  • San Juan 20, 19-23.
  • San Lucas 19, 1-10.
  • San Juan 8, 1-11.
 Si querés trabajar esto en grupo, podés hacerlo con las siguientes preguntas:
a) ¿Por qué se confiesa la gente?
b) ¿Se necesita confesarse antes de comulgar?
c) ¿Cada cuánto tiempo habría que confesarse?

Sería estupendo que puedas conseguir a un sacerdote amigo para realizar este debate grupal ya que él, como cura, podrá aclararles todas, o casi todas, las dudas a los jóvenes. De hecho, una de las principales funciones de un sacerdote es atender el sacramento de la Reconciliación que tan bien hace a toda la Iglesia.


¡Hasta pronto querido amigo!

Fuente: "Señor, que vea" | Breve catequésis para adultos | Editorial Claretiana, 2003.






19 de abril de 2011

Los cristianos están llamados a transformar la realidad social

A pocos días de que en la ciudad de Rosario se ejecute el "I Congreso Argentino de Doctrina Social de la Iglesia" bajo el lema "Unidos para promover el desarrollo integral y la erradicación de la pobreza" el Arzobispo de La Plata, Monseñor Aguer, comparte una relfexión sobre la incidencia de los cristianos en la realidad social. Te invito entonces a leer el siguiente artículo, extraído de AICA.

El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, reflexionó sobre “la realeza de Cristo y el papel de los cristianos” y recordó que son estos “quienes por la proyección de su vida en la realidad social, a través de la actividad cotidiana, tienen que ir transformando las estructuras temporales para que estas se acomoden al designio de Dios”.

Tras destacar el hecho “misterioso” de Jesús entrando a Jerusalén pues se “cumplen una serie de profecías del Antiguo Testamento”, que habla “del rey que llega montado en un burrito, pacífico, manso, tranquilo”, manifestó que “nosotros también en esta Semana Santa, en este Domingo de Ramos, aclamamos a Cristo como Rey, lo reconocemos como Rey”.
“Ese reinado de Cristo no se impone. No se impone por la fuerza de las armas, no se impone tampoco por la decisión de un Parlamento democrático, (sabemos muy bien que los Parlamentos democráticos suelen votar cosas que son disparatadas e ir a contramano de la Verdad). No, se impone simplemente por la fuerza de la fe y el amor”, precisó en su reflexión semanal por televisión.

El prelado platense sostuvo que “Cristo reina ante todo en el corazón de aquellos que lo reciben como Rey. Pero los que lo recibimos como Rey no nos contentamos simplemente con creer en Él, sino que el vigor y la profundidad de nuestra fe se manifiesta en nuestra conducta y se proyecta en todo lo que hacemos”.

Asimismo, afirmó que “son los cristianos los que están llamados, por el mismo ejercicio de la vida de fe, a ir transformando la realidad social de tal manera que esta se convierta en Reino de Cristo”.

Indicó que “cada Semana Santa, en este inicio admirable con la entrada de Jesús en Jerusalén, nos recuerda esta realidad fundamental de la fe y de la vida cristiana: Cristo es nuestro Rey… Él reina en el corazón de los creyentes. Y son los creyentes, son los fieles, son los cristianos quienes por la proyección de su vida en la realidad social, a través de la actividad cotidiana, tienen que ir transformando las estructuras temporales para que estas se acomoden al designio de Dios. Ese es el camino de la verdadera paz y de la verdadera prosperidad de los pueblos”.

Por último, monseñor Aguer invitó a celebrar “dignamente esta Semana Santa y que toda ella sea expresión de nuestra profesión de la realeza de Cristo”.+


13 de marzo de 2011

¡Dar lo que tengo, todo me da!

En el mes de Enero, en la ciudad de Rosario se realizó, impulsado por la Pastoral Universitaria de Rosario, el "Manos a la Obra 2011". Una actividad solidaria universitaria que busca que los jóvenes -universitarios o profesionales- pongan sus talentos y conocimientos al servicio de una comunidad en concreto. En este caso, le tocó a la Comunidad de Villa Gobernador Gálvez, quienes gentilmente abrieron sus puertas y nos recibieron con gran alegría. A continuación entonces, el testimonio de una de las participantes.

Por Vir Stevenazzi:
Pensé que iba a este viaje para hacer feliz a los demás.
Pero entonces no me daba cuenta de que esa misma felicidad me sería devuelta en grado mucho mayor del que podría haber esperado.
Antes de ir solía describirlo como un viaje solidario.
Pero el Manos a la Obra fue mucho más que eso.
Es una experiencia inigualable, inolvidable, que marcó mi vida como pocos proyectos.

En el poco tiempo que participé de los preparativos (me costó tomar la decisión de ir, pero finalmente Diosito me dio el empujón que necesitaba), consideraba que no tenía mucho para aportar: tan sólo soy una estudiante entrando a tercer año de Psicología, ¿cuánto podría aportar a la sociedad con ese poquito recorrido?

Lo que no me daba cuenta era que no hace falta ser grandes intelectuales o remarcadas personalidades, sino que basta (y no es poco) con dar con amor lo que uno tiene, lo que uno es y así tal cual es: tu tiempo, tu alegría, esa paz que transmitís, quizás sea tu seguridad, tu paciencia, una oreja, un consejo, una caricia.

Y me atrevo a decir que este Manos a la Obra fue más que exitoso, porque a mi alrededor vi, además de seis proyectos concretados, muchas MANOS A LA OBRA: manos pintando y lijando, manos abrazando, manos rezando; manos cavando, escribiendo, dibujando; manos que fotografiaban y otras que posaban; manos que aplaudían llamando a las casas para convocar a nuestro encuentro; manos en la masa y entre las ollas; manos rasgueando una guitarra o agitando los palillos contra el bombo; manos alzando niños y bolsas pesadas, manos que ofrecían un vaso de agua, manos que curan, manos refregando platos, manos aplaudiendo y otras tecleando incesantes ante la computadora; manos consagradas trayendo al mismo Jesús entre nosotros, manos que se estrechan deseándose paz.

Evidentemente esto era algo de Dios, porque su presencia se hizo sentir en todo 
momento, lugar y situación, y fue el motor impulsor para levantarnos cada día y para ir venciendo con espíritu alegre y confiado las barreras que se fueron presentando en el camino.

No tengamos miedo a dar cada día más, porque dando una mano nunca nos quedaremos con las manos vacías, sino todo lo contrario.

La gente de La Rivera nos espera: ese bebé que alzaste, ese nene con que jugaste, ese joven que trabajó junto a vos, ese vecino que te invitó un mate, ese que no se animó a venir cuando lo invitaste, ¡todos nos esperan! ¡Y yo no puedo esperar a volver!
Un gracias inmenso para CADA UNA de esas manos que prestaron, y los aliento con un ¡ÁNIMO! más grande aún para que ¡nunca dejemos de trabajar por ese cambio que queremos ver en el mundo, y para que el próximo MO sea aún mejor! :)

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