Reconciliación

Hace unos meses atrás, pudimos conseguir de la Basílica de San Ambrosio y San Carlos Borromeo (Roma) unos artículos muy interesantes sobre temas actuales y otros más relacionados con la formación cristiana. Formación que creemos, debemos acrecentar día a día para intentar ser mejores cristianos, mejores discípulos del Maestro.

Habiendo empezado hace muy poquito el tiempo de cuaresma, creimos conveniente subir este documento que habla sobre el Sacramento de la Reconciliación.

Podemos leerlo todo, de una sola vez, o bien utilizarlo como guía práctica y cada vez que tengamos una duda volver aquí y buscar las respuestas a nuestras preguntas. 
Eso está en cada uno de los lectores. De nuestra parte, ¡Esperamos aproveches estas líneas y te sean de gran utilidad!


Ojalá podamos vivir una hermosa cuaresma, acompañándonos unos a otros como hermanos en la fe. Recordá confesarte, hacer obras de caridad e intentar ayudar. El objetivo no es "sufrir", sino ofrecer pequeños sacrificios. Nada comparado con lo que Jesús hizo por nosotros. ¡Buen caminar! ¡Nos espera la Pascua!. ¡Adelante!


                      ¿Cuándo y dónde debo confesarme?

Ante todo, ¿qué significa el Sacramento de la Reconciliación?
El sacramento de la confesión (de la penitencia o de la reconciliación) es la celebración del amor misericordioso de Dios, que nos perdona los pecados por medio de Cristo muerto y resucitado, y quien, mediante el ministerio de la Iglesia, nos reconcilia con Dios y con los hermanos.


Confesarte significa, por tanto:
  • Ponerse a escuchar la palabra de Dios y reconocer el/los propio/s pecado/s.
  • Celebrar el amor misericordioso del Dios Padre, que:
  1. Perdona nuestros pecados, lavándonos con la sangre de su Hijo.
  2. Nos comunica su misma vida divina (gracia sacramental).
  3. Nos reconcilia con Él y entre nosotros, reconociendo nuestro vínculo de hermandad universal.
  4. Acoge y fecunda nuestro compromiso personal de continua conversión inaugurado en el Bautismo y que se acrecienta por las exigencias de la celebración eucarística.
  5. Abre nuestro corazón arrepentido al soplo del Espíritu Santo, que conduce a la justicia, la caridad, la libertad, la vida y la alegría

¿Quién ha instituído este sacramento?
Lo ha instituído Jesucristo en la noche de Pascua, cuando, mostrándose a sus discípulos, les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes le perdonen sus pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retengan, les serán retenidos" (Jn 20, 22-23).

¿Por qué es necesario confesarse?
Porque todo cristiano, después del bautismo, comete pecados. 

¿Y el que dice que no tiene pecados?
Simple, es un mentiroso, o es un ciego. "Si decimos que no tenemos pecados, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros" (1 Jn 1,8).

¿Cuándo se comete un pecado?
Cuando se desobedece a Dios, a su amor, a la ley que nos ha dado, mediante Cristo, para indicarnos el buen camino para nuestra felicidad plena y la perfecta realización de nuestro ser.
"Cometí la maldad que aborreces" (Sal 51, 6).
Es Cristo, con su Palabra y con su muerte y resurrección, quien muestra plenamente al hombre su pecado y la gravedad del mismo.

¿En qué sentido el pecado ofende a Dios?
  • El pecado ofende a Dios en el sentido que:
  1. Hiere y destruye al hombre que Dios ha creado y que ama,
  2. Resquebraja o rompe el diálogo de Dios con el hombre;
  3. Rechaza su Palabra (Ley, enseñanzas...) que son el bien verdadero del hombre;
  4. Ofende a Dios no tanto en su honor, cuanto en su amor.
  • De modo particular, el pecado es causa de la muerte de Cristo, Hijo amado del Padre.

¿Todos los pecados son iguales?
Ciertamente no. Los pecados se diversifican, por ejemplo, en cuanto a la gravedad y a la tipología.
  • En cuanto a su gravedad existen pecados mortales y pecados veniales.
  • En cuanto a la tipología hay pecados:
  1. De pensamiento, palabra, obra y omisión;
  2. contra Dios, contra el prójimo, contra nosotros mismos, contra la creación.

¿Cuándo se comete un pecado mortal?  Para cometer un pecado mortal, deben darse contemporáneamente tres condiciones:
  • Materia grave.
  • Plena conciencia.
  • Consentimiento deliberado.

¿Quién establece la materia "grave"?
 Es Dios (y no los curas o la gente...) que determina cual es la materia grave. Dios la indica de modo particular en los diez mandamientos y en las enseñanzas de Cristo, que la Iglesia continúa proponiendo.

¿Cuándo se comete un pecado venial?
Cuando no existe materia grave, o bien, en caso de que haya materia grave, falte la plena conciencia o el consentimiento deliberado.

¿No basta con pedir perdón a Dios por los propios pecados sin tener que confesarse?
Cada uno de nosotros puede y debe pedir perdón a Dios en todo momento, particularmente después de haber cometido un pecado mortal, antes de irse a dormir por la noche, o al inicio de la celebración de la Santa Misa.
Pero Dios nos perdona algunos pecados (los pecados mortales, por ejemplo) cuando nos acercamos arrepentidos de corazón al sacramento de la Confesión, querido e instituído por Su Hijo, Jesucristo.
Por otra parte, siendo Dios el que perdona, Él tiene derecho de indicarnos el modo a través del cual Él nos concede su perdón. 
Ciertamente el pecado no es perdonado si no hay arrepentimiento personal, pero en el orden actual de la Providencia, la remisión está subordinada al cumplimiento de la voluntad positiva de Cristo, que ha vinculado la remisión de los pecados al ministerio eclesial o, al menos, a la voluntad de recurrir a Él lo más pronto posible, cuando no exista la posibilidad inmediata de la confesión sacramental.

¿Cada cuánto tiempo debemos confesarnos?
Antes que nada, debemos distinguir entre pecado mortal y pecado venial.
  • En el caso de un pecado mortal: debemos confesarnos inmediatamente después de haber cometido el pecado, a fin de obtener inmediatamente el perdón y evitar el infierno en caso de muerte. Si no es posible confesarse inmediatamente por falta de un sacerdote, al menos se debe pedir perdón a Dios por el pecado cometido y buscar la confesión sacramental lo más pronto posible.
    La confesión individual e íntegra y la absolución constituyen el único modo ordinario con el cual el fiel, consciente del pecado cometido, es reconciliado con Dios y con la Iglesia.
  • En el caso de los pecados veniales: si se tiene sólo pecados veniales, el tiempo que puede transcurrir entre una confesión y otra depende de la sensibilidad espiritual de cada quien.
    Algunos santos se confesaban todos los días. ¡Y eran santos!.
    La Iglesia, como buena madre, indica en sus preceptos un mínimo: "Confesarse por lo menos una vez al año".
    Según la sugerencia de buenos Padres Espirituales, sería oportuno para un cristiano que no tiene pecados mortales, confesarse al menos una vez al mes, o a más tardar cada dos meses.


¿Es necesario confesarse antes de acercarse a la comunión?
Quien es consciente de haber cometido un pecado mortal debe confesarse antes de comulgar.
Si se han cometido sólo pecados veniales, entonces se puede acercar a la Comunión después de haber pedido perdón al Señor al inicio de la Misa (Cf. Rito penitencial). Es también aconsejable confesar con frecuencia los pecados veniales.

¿Por qué es aconsejable la confesión de los pecados veniales?
Es oportuna la búsqueda, humilde y llena de confianza, del sacramento de la Penitencia, ya que en este sacramento:
  •  Hace crecer en gracia.
  • Afianza las virtudes.
  • Ayuda a disminuir las tendencias negativas heredadas del pecado original y agravadas por los pecados personales.
  • Forma una conciencia recta.
  • Ofrece el don de la serenidad y de la paz, por el hecho mismo que aumenta la Gracia.


¿Cómo confesarnos?
  • Ante todo se prepara la celebración del sacramento con momentos de oración.
  • Después es necesario hacer un examen de conciencia, confrontándonos con el ejemplo y las palabras de Cristo. Es conveniente leer un pasaje de la Sagrada Escritura. 
  • A la luz de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, se reconocen los propios pecados, pidiendo perdón a Dios y comprometiéndose a "cambiar de vida".
  • Nos acercamos después al sacerdote (diciendo, en primer lugar, el tiempo que ha transcurrido desde nuestra última confesión y concluyendo que se tiene la intención de confesarse también por los pecados que no se recuerda y aquellos del pasado):
    • Se confiesan los propios pecados.
    • Se escuchan las palabras del sacerdote.
    • Se acepta la penitencia que es impuesta.
    • Se manifiesta el propio arrepentimiento, motivado sobre todo por el amor a Dios.
    • Se recita el acto de contricción (pésame, u otra fórmula).
    • Se recibe con fe la absolución: "Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".
    • Se agradece al Señor el don sacramental recibido, renovando el propio compromiso de conversión.


¿Basta con una confesión general de los propios pecados?
No, no basta. Se rechaza cualquier uso que limite este sacramento a una confesión general (por ejemplo, decir: "Padre, pequé, deme la absolución...") o a decir sólo los pecados considerados más significativos.
El cristiano está obligado a confesar, según la especie y el número, todos los pecados cometidos después del Bautismo y no confesados todavía, de los cuales se tenga conciencia después de un buen examen.

¿Cómo se hace un buen examen de conciencia?
Dejándose iluminar de la Palabra de Dios (la Biblia). De hecho, es la Palabra de Dios que:
  • Revela el pecado.
  • Invita a la conversión.
  • Exhorta al bien.
  • Anima a actuar imitando a Cristo.
  • Anuncia la misericordia de Dios que lava el pecado del hombre con la Sangre de Cristo y da la gracia del Espíritu Santo que santifica al hombre.

¿Es posible confesarse durante la Misa?
Si, es posible, pero es mejor confesarse antes de la Misa o buscar otro momento durante la semana, ya que no pueden celebrarse bien dos sacramentos al mismo tiempo. La celebración de la Confesión da lugar a la superposición que termina por dañar estos dos eventos de salvación, fundamentales para la vida cristiana y, por tanto, necesitados cada uno de un tiempo específico para su celebración. Por tanto, se aconseja a los fieles: acercarse al Sacramento de la Penitencia fuera de la Celebración de la Misa, y elegir un momento de tranquilidad para sí mismo y para el sacerdote confesor, en modo de poder celebrar dignamente este sacramento.



¿Está siempre obligado el confesor a guardar el secreto (de la confesión)?
Ciertamente, el confesor está obligado a guardar siempre el secreto de confesión, sin ninguna excepción, y bajo penas muy severas. El confesor debe mantener el secreto absoluto  de los pecados confesados de los penitentes, aún cuando eso le cueste la vida.

¿Todos pueden recibir la absolución?
No pueden recibir la absolución los no bautizados. No pueden recibir válidamente la absolución los penitentes que viven en estado habitual de pecado mortal y en caso de que no tengan la intención de cambiar su situación.
En todo caso, el pecado grave no es perdonado si no existe el arrepentimiento personal y el propósito de enmienda.
Algunos pecados particularmente graves, penados con la excomunión, pueden ser absueltos sólo por el Papa o por el Obispo. En caso de peligro de muerte, cualquier sacerdote puede absolver cualquier pecado o excomunión.

¿Qué relación existe entre la celebración del Sacramento de la Confesión y la vida cotidiana?
La celebración del rito sacramental de la penitencia está fuertemente vinculada a la vida cotidiana. Confesándose, se adquiere el compromiso ante la comunidad y ante Dios, de volver a caminar por la opción cristiana fundamental, de llevar a cabo todo aquello que Cristo ha propuesto como camino para la verdadera y definitiva liberación del hombre, para la plena y jubilosa comunión con Dios y con los hombres.
"han sido purificados, santificados y justiciados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por Espíritu de nuestro Dios." (1 Cor 6,11). Por tanto caminá en la vida nueva, "Esta es la voluntad de Dios, que sean santos" (1 Tes 4,3).

Nota: para profundizar el argumento, se pueden ver los siguientes documentos pontificios:

  • Juan Pablo II: Exhortación Apostólica Reconciliatio et Penitentia, 1985.
  • Catecismo de la Iglesia Católica, Cf. nums. 1420-1484; 1846-1876


Fuente:
Basílica de los San Ambrosio y San Carlos Borromeo (Roma) | Mons. Raffaello Martinelli | www.sancarlo.pcn.net | E-mail: sancarlo@pcn.net 



2 comentarios:

  1. Es justo lo que estaba buscando para un retiro de Pascua para jóvenes (en la provincia de Santa Fe, Arg) gracias por dedicarte a evangelizar!!!
    Abrazos en Xto!
    Andrea

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    Respuestas
    1. Hola Andrea! ¡Me alegro que te haya servido! Disculpá que no te haya respondido antes. Sinceramente, no me di cuenta. Esto deja de manifiesto mi inexperiencia como bloguero...jaja.
      El texto publicado pertenece a un boletín con temas de formación cristiana, disponible en una parroquia romana, la Basílica de San Ambrosio y San Carlos Borromeo. Lo único que hice fue tomar uno y transcribir el tema de la Reconciliación aquí, pensando en que estas cosas son buenas transmitirlas y dejarlas a disposición de todos. Si esto nos ayuda a crecer como cristianos, ¡bienvenido sea!.
      Espero te haya ido muy bien con el tema en el retiro!!
      Hasta pronto! Te dejo este link para enterarte de las cosas que voy subiendo al blog. A veces desaparezco, y otras veces posteo seguido. Como te dije, lo mío no es nada profesional ;) Saludos!!
      Link: http://goo.gl/nC43Yw

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