8 de agosto de 2014

FELICIDAD: un PLUS que marca la diferencia.

¿Qué tan feliz sos? ¿Te considerás una persona feliz? ¿Qué te hace feliz? ¿Dónde buscás la felicidad? ¿Es una felicidad duradera o solo una bomba de humo?.

El ser humano de este siglo tiene una gran deuda con la felicidad. Creemos ser felices, pero nos estamos engañando. Y sé que en este mismo instante, estarás pensando por dentro "Estás equivocado Juan, yo no me engaño. Yo soy feliz". Puede ser. Solo que me cuesta creer que quienes dicen ser felices como personas lo sean realmente. Y te voy a decir por qué...

Muchas personas que vienen y te dicen "Estoy super feliz!!!", al día siguiente los ves con una cara de perro, y cuando les decís "¡¿Cómo estás?!" te responden "¡Mejor ni preguntes! ¡Estoy rrreeeee caliente!". Cuando veo esto, por dentro pienso "Pobre... que incoherente". Realmente, pobre gente... porque se autoengañan diciendo ser felices, cuando eso no es más que una máscara que se ponen para ocultar lo que realmente sienten.


Me acuerdo de una compañera de la facultad que, sabiendo que yo era católico, un día viene y me dice "Hoy tengo mucha paz". Yo por dentro pense... ¿y ahora? ¿Qué le pasó? Entonces le pregunté: "¿Me podrías decir a qué se debe tanta paz?". Compenetrada y creyendo que con su noticia la humanidad encontraría también la paz, me dijo "Es que empecé Reiki, y me enseñaron a respirar y ya está, ¡encontré lo que me hace feliz!. Si quiero paz, ya se que hacer. Eso me descarga a tierra, de pone muy feliz". Por dentro pensé "no creo que le dure mucho". 

Dicho y hecho, al día siguiente o dos días después, llegó a la facultad cansada por su día, puteando a Dios y medio mundo. Entonces, yo que no me había olvidado lo que me había dicho, pregunté "Emmm... ¿y qué pasó con lo que habías aprendido en Reiki?". Me miró con una cara como para asesinarme. Creo que por dentro me habría dedicado varias puteadas. Yo no hice más que intentar recordarle aquella felicidad que según ella le duraría in eternum. Otra fachada más. Nos mentimos a nosotros mismos. 

Es que, en vez de buscar nuestras raíces, de mirarnos interiormente y repasar nuestra vida, tapamos los ruidos y problemas con más y más cosas. Vamos guardando el polvo debajo de la alfombra y, tarde o temprano, la montaña de basura se va a notar, y eso va a molestar aún más.  

Conozco muchísimas personas que lo único que les llena es el tener, y no el ser. Se olvidan que el secreto de la vida está en el SER y no el TENER. No por nada, una encuesta muy famosa (ver: http://goo.gl/T3TtNQ ó bien: http://goo.gl/LkGF5L), que se repite con cierta frecuencia, sacó a la luz que los empleos que las personas consideran como 'los mejores', son aquellos en los que la gente no gana mucho dinero. En resumidas cuentas: ganan poco, pero hacen lo que les gusta. Son felices. Ellos comprendieron por donde pasa la felicidad. 

En mi corta edad, he tenido la oportunidad (regalo de Dios, sin dudas) de hablar con muchas personas realmente pobres. Y si hay algo que tienen y que yo deseo tener, es la felicidad con la que viven. Viven realmente desprendidos. Ellos no miran a otros con envidia. Por lo general aceptan lo que tienen y trabajan dignamente para sacar adelante a su familia. Da gusto ver como viven auténticamente felices, a pesar de las dificultades que la vida les presenta.

En cambio, he conocido y conozco a personas totalmente diferentes. Aquellas que dicen "Mirá, fulanito se compró un auto 0Km" y otro responde "Mmmm... ¿con qué plata?, ¿de dónde?, si no tiene para comprar ese auto". Otros que, sabiendo que su vecino pintó la casa, para no ser menos, pintan la suya. Otros que compran el último modelo de Play Station o Celular, o Ipad, Iphone, etc... para no ser inferiores al resto. ¡Que estupidez!, como si esto causara verdadera felicidad. ¡Nos mentimos! Y lo peor: nos dura unas horas, días o pocas semanas, y luego volvemos a comprar o consumir para llenar el vacío que hay en nuestro interior.

Estamos acostumbrados a comprar, comprar y comprar, para saciar nuestra sed del tener. Y con ese tener, tener y tener, nos olvidamos del ser. Por ende, tenemos más pero somos menos. Nos olvidamos de cultivar nuestra vida interior. Esto lleva tiempo. Así como nos tomamos una hora para hacer deportes, debemos tomarnos el tiempo diario para revisar nuestra vida, revisar nuestros objetivos, preguntarnos a nosotros mismos si estamos haciendo las cosas bien, si estamos yendo detrás de nuestras metas o nos desviamos del rumbo. 


Es una tarea que no es fácil. La felicidad cuesta, pero cuando se logra ser feliz, uno experimenta que no hay nada mejor en la vida que eso. Ser feliz sin importar qué tengo y qué no tengo, si tengo la mejor ropa o no, el mejor auto o no, la mejor casa o no. Eso no me hace feliz. Puede ayudar, ¡claro!, pero no es la clave de la felicidad. La clave de la felicidad está en vos mismo, en tu corazón, en tu interior. El Principito nos recuerda siempre que "lo esencial es invisible a los ojos". Por ende, en vez de compararnos con los demás, y tratar de caerle bien a todo el mundo, debemos mirar nuestro interior y ser honestos conos nosotros mismos, preguntándonos si somos o no somos felices. Es un trabajo personal. Nadie lo va a hacer por nosotros.

Cultivar la felicidad requiere tiempo y esfuerzo. Un cultivo no florece de un día para el otro. Debe regarse, cuidarse, y demanda saber esperar. Tarde o temprano, eso que cultivamos y tanto cuidamos dará muchos y buenos frutos. 



Facundo Cabral decía "Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente".

¿Sos realmente feliz? ¿Por donde pasa la felicidad para vos? 

El secreto de la felicidad está en saber escuchar lo que dice nuestro corazón...

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