28 de febrero de 2013

Adiós, ¡maestro de la fe!

El 11 de Febrero, me levanté e inmediatamente uno de mis hermanos, José, me dijo "¿viste que renunció Benedicto?". Lo miré y me reí. Obviamente, no le creí. Entonces me dijo, desafiándome, "encendé el televisor y mirá...".
 

No podía creerlo. Recuerdo pasar una larga lista de canales y todos hablando de lo mismo: nuestro querido Papa, Benedicto, renunciaba. No lo podía creer.

Recuerdo haber entrado a facebook queriendo compartir mis sentimientos y lo primero que escribí fue "¡Qué mezcla de sensaciones!". La misma mezcla que tendré hoy, al verlo allí, retirándose de la sede de Pedro.

De todas maneras, en todos estos días que han pasado, pensé mucho en usted Santo Padre, en la generosidad de su entrega y de su servicio a la Iglesia. Recordaba además lo que nos ha dicho en todos estos días acerca de que recemos, ya que quien guía a la Iglesia no es una persona sino el Espíritu Santo. Que le recemos intensamente a Él.


En mis oraciones pensaba "¿que le diría si lo tuviera a usted en frente?", y entonces, hablando con Dios, se me ocurrían un millón de cosas que podría resumir en un enorme "¡¡GRACIAS!!".

Gracias por sus enseñanzas, esas que muchos no han querido ver ni escuchar.
 

A los jóvenes nos has enseñado a aprender más sobre la fe, cosa a la que no estábamos tan acostumbrados (al menos los de mi generación). Nos has alentado a bucear en el Catecismo de la Iglesia Católica, en la Doctrina Social de la Iglesia, invitándonos a descubrir y encontrar los tesoros de nuestra fe.
Gracias por su humildad. Desde el primer día de su pontificado hasta hoy seguramente, cuando deje la sede, usted se mostró como un hombre humilde, sencillo, algo tímido. Esa sencillez y humildad, ganó nuestro corazón.



Gracias por su cercanía. Pese a su timidez, siempre se nos mostró como amigo y cercano a los jóvenes. Recuerdo el día de la Vigilia en la JMJ Madrid, cuando vino esa gran tormenta y le dijeron "Santo Padre, debería irse" y usted dijo que si los jóvenes se quedaban, usted también. Al final de aquella jornada intensa exclamó con alegría "Hemos vivido una aventura juntos". ¡Vaya si es verdad!: ¡Han sido 8 años y medio de aventuras junto a usted!
 

Pienso finalmente que lo mejor que podríamos hacer los jóvenes para recordalo y para agradecele es cumplir con aquello que tanto nos has insistido: ¡Estudiar el catecismo!, aprender sobre nuestra fe, no conformarnos con lo básico, luchar contra el relativismo en todas sus dimensiones.

Leía en un sitio web lo siguiente: "Cuando era cardenal, Ratzinger defendió con entusiasmo la doctrina de la Iglesia y se ganó la fama de guardián heroico de la fe". Pensaba en usted querido Joseph Ratzinger y en nosotros, los jóvenes. ¡Queremos ser también guardianes heroicos de la fe!, esa fe que recibimos por el bautismo y de la cual estamos orgullosos. Fe que creció también gracias sus enseñanzas y que hoy debemos custodiar de tantos ataques y agresiones. Usted hizo que valoremos más la riqueza de nuestra fe. Nos hizo tomar conciencia del don de la fe.


Dejo aquí debajo el recuerdo más preciado que tengo de usted, el día que lo vimos de cerca en Castelgandolfo, en 2011, y nombró a nuestra querida comunidad: La Pastoral Universitaria. No puedo creer todavía que Dios nos haya permitido vivir tal momento.
 

Le estaremos agradecidos eternamente a Dios y a usted. Rezamos por su salud física y espiritual, rogándole a Dios que lo mantenga firme para seguir sirviendo a la Iglesia como lo ha hecho hasta hoy. ¡¡GRACIAS SANTO PADRE!!



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