13 de marzo de 2011

¡Dar lo que tengo, todo me da!

En el mes de Enero, en la ciudad de Rosario se realizó, impulsado por la Pastoral Universitaria de Rosario, el "Manos a la Obra 2011". Una actividad solidaria universitaria que busca que los jóvenes -universitarios o profesionales- pongan sus talentos y conocimientos al servicio de una comunidad en concreto. En este caso, le tocó a la Comunidad de Villa Gobernador Gálvez, quienes gentilmente abrieron sus puertas y nos recibieron con gran alegría. A continuación entonces, el testimonio de una de las participantes.

Por Vir Stevenazzi:
Pensé que iba a este viaje para hacer feliz a los demás.
Pero entonces no me daba cuenta de que esa misma felicidad me sería devuelta en grado mucho mayor del que podría haber esperado.
Antes de ir solía describirlo como un viaje solidario.
Pero el Manos a la Obra fue mucho más que eso.
Es una experiencia inigualable, inolvidable, que marcó mi vida como pocos proyectos.

En el poco tiempo que participé de los preparativos (me costó tomar la decisión de ir, pero finalmente Diosito me dio el empujón que necesitaba), consideraba que no tenía mucho para aportar: tan sólo soy una estudiante entrando a tercer año de Psicología, ¿cuánto podría aportar a la sociedad con ese poquito recorrido?

Lo que no me daba cuenta era que no hace falta ser grandes intelectuales o remarcadas personalidades, sino que basta (y no es poco) con dar con amor lo que uno tiene, lo que uno es y así tal cual es: tu tiempo, tu alegría, esa paz que transmitís, quizás sea tu seguridad, tu paciencia, una oreja, un consejo, una caricia.

Y me atrevo a decir que este Manos a la Obra fue más que exitoso, porque a mi alrededor vi, además de seis proyectos concretados, muchas MANOS A LA OBRA: manos pintando y lijando, manos abrazando, manos rezando; manos cavando, escribiendo, dibujando; manos que fotografiaban y otras que posaban; manos que aplaudían llamando a las casas para convocar a nuestro encuentro; manos en la masa y entre las ollas; manos rasgueando una guitarra o agitando los palillos contra el bombo; manos alzando niños y bolsas pesadas, manos que ofrecían un vaso de agua, manos que curan, manos refregando platos, manos aplaudiendo y otras tecleando incesantes ante la computadora; manos consagradas trayendo al mismo Jesús entre nosotros, manos que se estrechan deseándose paz.

Evidentemente esto era algo de Dios, porque su presencia se hizo sentir en todo 
momento, lugar y situación, y fue el motor impulsor para levantarnos cada día y para ir venciendo con espíritu alegre y confiado las barreras que se fueron presentando en el camino.

No tengamos miedo a dar cada día más, porque dando una mano nunca nos quedaremos con las manos vacías, sino todo lo contrario.

La gente de La Rivera nos espera: ese bebé que alzaste, ese nene con que jugaste, ese joven que trabajó junto a vos, ese vecino que te invitó un mate, ese que no se animó a venir cuando lo invitaste, ¡todos nos esperan! ¡Y yo no puedo esperar a volver!
Un gracias inmenso para CADA UNA de esas manos que prestaron, y los aliento con un ¡ÁNIMO! más grande aún para que ¡nunca dejemos de trabajar por ese cambio que queremos ver en el mundo, y para que el próximo MO sea aún mejor! :)

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